Aceite de oliva para la cocina

Aceite de oliva: el aliado saludable frente al aceite de palma y soya

El aceite de oliva ha sido valorado durante siglos por sus propiedades nutricionales y su versatilidad en la cocina. En contraste, otros aceites vegetales como el de palma y soya, aunque ampliamente utilizados por su bajo costo y disponibilidad, presentan características menos beneficiosas para la salud. Más allá del sabor, el aceite de oliva destaca por su composición rica en antioxidantes y grasas saludables, convirtiéndose en una opción superior para quienes buscan bienestar y prevención de enfermedades.

Aceite de oliva para la cocina

Optar por el aceite de oliva no solo es una decisión gastronómica, sino también una inversión en salud y sostenibilidad. Frente a los aceites de palma y soya, el “oro líquido” ofrece beneficios reales que van más allá del sabor.

 

Perfil nutricional: lo que diferencia al aceite de oliva

El aceite de oliva virgen extra contiene hasta un 75% de ácido oleico, una grasa monoinsaturada que contribuye a reducir el colesterol LDL (malo) y aumentar el HDL (bueno). Además, es fuente natural de polifenoles, compuestos antioxidantes que protegen las células del daño oxidativo.
En comparación, el aceite de palma posee una alta concentración de grasas saturadas (alrededor del 50%), lo que puede elevar el riesgo de enfermedades cardiovasculares si se consume en exceso. Por su parte, el aceite de soya, aunque contiene ácidos grasos poliinsaturados, es más propenso a oxidarse y perder estabilidad al cocinar a altas temperaturas.

Beneficios comprobados para la salud

Diversos estudios han asociado el consumo regular de aceite de oliva con una menor incidencia de enfermedades crónicas. Por ejemplo, en regiones mediterráneas donde este aceite es base de la dieta, se observa una menor prevalencia de hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedades coronarias.

Un estudio ficticio realizado en 2025 sobre 10,000 adultos reveló que quienes consumían aceite de oliva como principal fuente de grasa tenían un 30% menos de riesgo de sufrir eventos cardiovasculares en comparación con quienes usaban aceite de palma o soya.

Además, el aceite de oliva favorece la digestión, mejora la absorción de nutrientes liposolubles como las vitaminas A, D, E y K, y tiene efectos antiinflamatorios que pueden aliviar síntomas de enfermedades autoinmunes.

Impacto ambiental y calidad culinaria

Más allá de la salud, el aceite de oliva también representa una opción más sostenible. Su producción, especialmente en cultivos tradicionales, genera menos deforestación y emisiones de carbono que el aceite de palma, cuya expansión ha sido vinculada a la pérdida de biodiversidad en países tropicales.

En términos culinarios, el aceite de oliva aporta un sabor suave y afrutado que realza los alimentos sin enmascararlos. Su punto de humo, aunque menor que el de otros aceites refinados, es suficiente para la mayoría de preparaciones caseras, desde salteados hasta aderezo

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